INTRO

Es normal y muy normal que todo en la vida pasé, “pasa lo que tiene que pasar casi a diario” como en algún momento me explicaron. Sin embargo, rara vez se ve a la gente mirar a través de sus propios ojos para poder descubrir algo más allá de su nariz. Unos ven su nariz metida en nieve de Bolivia, otros en dulce glotonería y otros en la tierra, probablemente partida en tres mientras te asaltan. Extrañamente el gran colectivo no se da cuenta que la vida va más allá, mucho más allá.

Más allá de toda esa capacidad que tenemos de aferrarnos a nuestros esquemas y seguir viviendo como un caballo cochero, viendo de frente lo que la vida trae y dejando de lado lo más obvio y suculento. Sí, precisamente me refiero a todas esas almas multicolores que se presentan en diferentes empaques dentro de la creación. Aquellas que Bukowski representa en “The Strongest of the Strange” y que se replican en la historia, gente que vivía con tantas ansias la vida y en los colores más bellos imaginables.

Sólo es humano poder ver lo obvio, pero los que desafían su propia humanidad siempre encuentran en sí mismos una gran y bella historia que contar, o al menos es así como la mía comienza. Era yo continuamente siendo “yo”, tratando de encontrar un lugar en el que pueda ser uno conmigo mismo, tratando de no ser como el resto y fallando de la peor manera posible, siendo peor… igual pero más insípido, de mente cerrada y con los ideales puestos en todos los peores lugares. Eventualmente vino el amor, el sentimiento más lindo y enfermizo de lo mejor que pudo pasar en la vida, pero como todo buen amor tiene que terminar, no solo terminar sino arrancar consigo una gran porción de mi alma.

Me ví a mi mismo, un hombre que ahora sentía, enamorado de la primera mujer que me mire bonito y sintiéndome peor que el vagabundo más infeliz de la ciudad más grande del mundo. Un perro sarnoso, hambriento y herido. Un perro que todos sus amigos (perros y perras) rechazaron porque se tornaba tóxico en toda su miseria, pero entre los altos y bajos de una vida aún insípida, encontré la solución más bella o el problema más grande que habría enfrentado en mi vida, la locura.

No una locura inducida por sustancias, no una locura de apariencia, una locura muy particular que no puede ser definida con palabras, de aquel tipo de locura que llevan a un hombre al éxtasis o a vivir bajo un puente con los malvivientes que en algún momento de su vida criticó. Aunque, si eventualmente la historia lleva a ambos lugares, pero lo más importante a saber es que la vida te “enseña” lecciones por dos vías… la buena o la mala.

La vida te lleva a todos los lugares que no quieres visitar, pero que tienes que conocer para poder tener suficiente información y poder tomar una decisión, gran y difícil lección a aprender, una que solo se aprende viendo todos los mejores momentos de la vida pasar por tu lado mientras sigues preguntándote porque eres o  porque te sientes así de miserable.

Pues, un día solamente queda decir “Mierda, tengo que hacerlo” y de hecho hacerlo no solo decirlo, comienzas a decir que sí y la vida comienza a sumar todo a tu cuenta pero no te importa, no es como que vayas a salir vivo de ella… o quién sabe. Así que de a poco te dejas caer en el gran abismo de la vida, en la que accedes, alegremente con promesas que te tragas como un niño, a despojarte cada incierta cantidad de tiempo de una parte de ti mismo solo para verla regenerarse continuamente hasta que un día te mueras.

Pero no hay nada malo en eso, grandes pensadores continuamente afirman (y les creo con todo mi corazón) que nosotros vivimos una vida enfocada para morir dado a que ahí eventualmente terminamos, con dinero o sin dinero, con familia o sin familia, con amigos o sin ellos. La esperanza está precisamente en el camino que recorres, ¿lo haces abstraído de todo lo que pasa alrededor tuyo?, ¿lo haces enfocado en un objetivo?, ¿lo haces porque sí? (crédito parcial al que responda que sí a la última).

Vivimos en el caos simple, en el que el presente es mucho más valioso que todo lo que existe en el universo observable o no. Siendo parte del caos ¿Cómo podríamos tener orden, reglas o esquemas? Pues la respuesta simple es que esa es nuestra débil muestra de la realidad, en la que decidimos tomar el mitote como una verdad absoluta y decidimos que todo lo demás no existe porque simplemente no puede ser concebido por nuestras mismas débiles mentes.

Hay quienes despiertan, como yo lo hice, deciden agarrar la vida y gritarle que golpea como una pequeña nena, deciden que esta realidad que nosotros estamos viviendo simplemente no es suficiente. Le exigimos algo más a la vida, por lo que buscamos chocar como partículas contra todo lo que en algún momento nos daba miedo, ¿porque?… ¿Por qué no?

Ahora al punto, ¿qué es lo más importante para conocer cualquier historia? ACEPTACIÓN, que yo conozco como mi primera regla, intentar siempre tener en cuenta que la persona delante de ti está en el mismo derecho de experimentar la vida como se le plazca, o no experimentar para nada.

La aceptación es la única manera (que yo conozco) de respetar el libre albedrío de cada persona, respetar sus decisiones y respetar a esa persona como ente pensante. Más allá de mi opinión respecto al tema que otras personas tocasen, creo que es importante respetar su opinión antes que hacer caso a mis prejuicios.

La segunda regla es la VERDAD, que es lo mínimo que se le debe a la persona a la que le estás hablando, que implica decir específicamente lo que uno sienta en lo más profundo del corazón y comunicándolo a la persona delante de ti, así sea crudo, siempre es mejor que mentirle (llamémosle una cortesía tan básica como el saludo).

La tercera regla es la EMPATÍA, siendo estos seres tan coloridos y especiales (énfasis en especiales) necesitan una persona que les dé una oportunidad equitativa de estar cómodos con su propia energía, sus propias historias, su dolor y su alegría.

Son las bases esenciales para poder ser y aprender de estos seres increíbles que se camuflan día a día con la multitud pero nunca pasan desapercibidos. Debo aclarar que a pesar de que todos los seres vivos conectados a esta realidad colectiva que nosotros llevamos como “la armonía de la disonancia”, tienen una luz propia y colores igual de vivos que estas personas especiales, lo que los diferencia en la realidad es el catalizador que cada uno tiene.

Mi razón para despertar, es tan simple y común como la de todos, aunque dudo severamente que pueda encontrar a otro ser que vaya a sentirlo de la misma manera. Esa sensación de libertad que se siente cuando uno está de frente a lo desconocido, pudiendo sentirse tranquilo con una sonrisa y seguir hacia adelante. Mi catalizador es viajar, pero no con todos los lujos que muchas veces implica, sino viajar como viajan los que están realmente enfermos de wanderlust, poco presupuesto, poco equipaje pero muchas ganas de vivir.

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